La batalla entre el amor y el odio

Se va gestando ese dolor inaudito que a gritos clama
por el silencio sórdido del vacío inacabado de tu presencia
que renace a la distancia trastabillando con mi ganas de verte
hasta que la atisbadora resaca entumecida en mis entrañas
me denota entre fútiles pensamientos y cuestionamientos sobre vos
que soy el culpable del desperdicio de otro día de mi existencia
y ese motor descontrolado de extrañas sensaciones y penurias
sin desearlo despedaza los cimientos de los atriles de mis alegrías
sirviendo de antesala a una reacción en cadena suicida
de miles de pequeñitas gotas que se engendran inocentemente
entre mis pupilas que lentamente se hinchan y enrojecen
decapitando los sueños de eterna compañía que te prometí
y la última lágrima rebelde se escapa entremezclada con sangre
a medida que humedece mi mejilla deja desolación en mi espíritu
hasta llegar a mis labios desiertos que maldicen tus besos ausentes
y mi voz se torna tan débil y lúgubre como la de un esclavo azotado
al cual los castigos le abren más heridas en el alma que en la piel
es que en este presente el odio combate cara a cara en un duelo
a muerte contra los cadáveres del amor que aún en coma
pretenden latir por mis dominios destrozados por la contradictoria batalla
que juegan estos dos sentimientos tan visiblemente opuestos
que tiene sólo a un desafortunado perdedor como resabio
que sin duda no es otro que el del corazón astillado de este poeta
al cual se le afloja con angustia lacerante la voluntad de ser
y ya hasta le duelen las yemas de los dedos por parir
con sus propias manos en este papel su propio infierno interior
y ya no se si realmente te extraño o es la soledad la que me engaña
ya no se si te necesito o es la falta de tu boca masturbándome lo que me atrae
ya no se si te amo o sólo es la ausencia de tu carne la que me seduce
todo porque al alejarte dejaste inconcluso mi amor por ti

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